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Bullying, salud mental y riesgo suicida en adolescentes ecuatorianos

Bullying, salud mental y riesgo suicida en adolescentes ecuatorianos

Expertos advierten que el acoso no explica por sí solo la conducta suicida, pero puede aumentar la vulnerabilidad cuando se combina con otros factores.

necardenas14 sept 2026Alumnos5 min de lectura

En Ecuador, 6 de cada 10 adolescentes entre 11 y 18 años han sido víctimas de bullying, según datos del Ministerio de Educación, Deporte y Cultura. Entre 2022 y 2024, esta institución registró 1.195 casos. 

Frente a esa realidad, esta cartera de Estado estableció un protocolo de actuación ante situaciones de violencia o acoso entre estudiantes. Entre las medidas adoptadas están el acompañamiento psicosocial para victimas y agresores, el seguimiento del estudiante afectado, la atención psicológica especializada cuando sea necesaria, la activación de redes de apoyo y acciones para garantizar la continuidad de los estudios. En determinados casos, se contempla la reubicación del estudiante. 

Para el psicólogo, Efraín Muñoz Silva, pasar de modelos exclusivamente reactivos a estrategias que prioricen la prevención y detección temprana, es uno de los principales desafíos en los centros educativos. Durante su conferencia Bullying, salud mental y riesgo suicida en adolescentes ecuatorianos, abordó la importancia de construir un modelo integral de prevención e intervención psicosocial en el marco del I Congreso Nacional sobre Atención Integral a la Conducta Suicida realizado en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL).

 

El bullying no explica por sí solo el riesgo suicida

Hablar de bullying y suicidio requiere evitar una relación automática entre ambos fenómenos: “¿El bullying provoca un suicidio?”, planteó Muñoz durante su intervención. Su respuesta fue clara: no necesariamente.

La conducta suicida es multifactorial; es decir, no puede explicarse por un único acontecimiento o circunstancia. El acoso escolar puede formar parte de un conjunto de factores que, dependiendo del contexto y condiciones sociales del adolescente, incrementa su vulnerabilidad.

“El bullyng debe entenderse como un fenómeno psicosocial”, explicó Muñoz. A él se suman también los entornos digitales, donde el acoso puede continuar fuera del horario escolar y alcanzar nuevos espacios de exposición. 

El ciberbullying introduce, además, nuevos desafíos. El especialista habló de la necesidad de generar entornos digitales seguros y de involucrar a las familias en el acompañamiento del uso de teléfonos, internet y redes sociales.

Una investigación publicada en 2026 por la Universidad de las Américas sobre victimización por acoso escolar y ciberacoso entre adolescentes ecuatorianos, analizó a 300 adolescentes. De ellos, el 10,03 % reportó acoso escolar y el 16 % ciberacoso. El estudio examinó variables como tristeza, ideación suicida, planificación suicida e intento suicida, y encontró asociaciones entre estas formas de violencia y problemas de salud mental, conductas suicidas y consumo de sustancias.

 

Construir factores protectores

El especialista presentó el caso de un adolescente de 14 años que comienza a ser excluido y agredido por sus compañeros, deja de participar en clase, se aísla, disminuye su rendimiento, presenta insomnio y expresa que ya no quiere seguir viviendo. A partir de este ejemplo planteó: ¿en qué momento debemos intervenir?

Enfatizó que la detección temprana permite identificar cambios y valorar el nivel de riesgo para determinar qué tipo de intervención requiere cada caso.

Entre factores que suelen aparecer en esta trayectoria se encuentran el malestar emocional, la depresión y las dificultades para regular las emociones. Cuando no existen mecanismos adecuados de afrontamiento aparecen condiciones como la desesperanza y el aislamiento, que aumentan la vulnerabilidad. Sin embargo, los factores protectores pueden contribuir a romper esta trayectoria.

 

Responsabilidad compartida

Prevenir el bullying y sus posibles consecuencias sobre la salud mental no debe convertirse únicamente en responsabilidad del estudiante que sufre la agresión. Tampoco puede recaer exclusivamente en el docente o en el profesional del Departamento de Consejería Estudiantil (DECE).

Muñoz enfatizó sobre las condiciones en las que trabajan los profesionales de los centros educativos y recordó que, en algunos casos, un psicólogo puede atender a decenas de estudiantes. Al mismo tiempo, destacó la necesidad de articular esfuerzos entre los sectores de educación, salud, familia y comunidad.

La respuesta, por tanto, debe ser integral y adaptada a la realidad de cada comunidad. No todos los adolescentes viven las mismas circunstancias ni cuentan con las mismas redes de apoyo o posibilidades de acceso a servicios de salud mental.

Por ello, además de aplicar protocolos, resulta necesario fortalecer la investigación para adaptar las estrategias al contexto ecuatoriano y evaluar de manera permanente qué intervenciones funcionan y cuáles necesitan ser modificadas. 

La prevención del bullying llama a la colectividad a reconocer los cambios, escuchar al adolescente, fortalecer sus redes de apoyo y garantizar que pedir ayuda sea siempre una posibilidad.

Acerca del autor

UTPL

necardenas

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Publicado por necardenas, parte del equipo editorial de la Universidad Técnica Particular de Loja.

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