Bullying, salud mental y riesgo suicida en adolescentes ecuatorianos

En Ecuador, 6 de cada 10 adolescentes entre 11 y 18 años han sido víctimas de bullying, según datos del Ministerio de Educación, Deporte y Cultura. Entre 2022 y 2024, esta institución registró 1.195 casos.
Frente a esa realidad, esta cartera de Estado estableció un protocolo de actuación ante situaciones de violencia o acoso entre estudiantes. Entre las medidas adoptadas están el acompañamiento psicosocial para victimas y agresores, el seguimiento del estudiante afectado, la atención psicológica especializada cuando sea necesaria, la activación de redes de apoyo y acciones para garantizar la continuidad de los estudios. En determinados casos, se contempla la reubicación del estudiante.
Para el psicólogo, Efraín Muñoz Silva, pasar de modelos exclusivamente reactivos a estrategias que prioricen la prevención y detección temprana, es uno de los principales desafíos en los centros educativos. Durante su conferencia Bullying, salud mental y riesgo suicida en adolescentes ecuatorianos, abordó la importancia de construir un modelo integral de prevención e intervención psicosocial en el marco del I Congreso Nacional sobre Atención Integral a la Conducta Suicida realizado en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL).
El bullying no explica por sí solo el riesgo suicida
Hablar de bullying y suicidio requiere evitar una relación automática entre ambos fenómenos: “¿El bullying provoca un suicidio?”, planteó Muñoz durante su intervención. Su respuesta fue clara: no necesariamente.
La conducta suicida es multifactorial; es decir, no puede explicarse por un único acontecimiento o circunstancia. El acoso escolar puede formar parte de un conjunto de factores que, dependiendo del contexto y condiciones sociales del adolescente, incrementa su vulnerabilidad.
“El bullyng debe entenderse como un fenómeno psicosocial”, explicó Muñoz. A él se suman también los entornos digitales, donde el acoso puede continuar fuera del horario escolar y alcanzar nuevos espacios de exposición.
El ciberbullying introduce, además, nuevos desafíos. El especialista habló de la necesidad de generar entornos digitales seguros y de involucrar a las familias en el acompañamiento del uso de teléfonos, internet y redes sociales.
Una investigación publicada en 2026 por la Universidad de las Américas sobre victimización por acoso escolar y ciberacoso entre adolescentes ecuatorianos, analizó a 300 adolescentes. De ellos, el 10,03 % reportó acoso escolar y el 16 % ciberacoso. El estudio examinó variables como tristeza, ideación suicida, planificación suicida e intento suicida, y encontró asociaciones entre estas formas de violencia y problemas de salud mental, conductas suicidas y consumo de sustancias.
Construir factores protectores
El especialista presentó el caso de un adolescente de 14 años que comienza a ser excluido y agredido por sus compañeros, deja de participar en clase, se aísla, disminuye su rendimiento, presenta insomnio y expresa que ya no quiere seguir viviendo. A partir de este ejemplo planteó: ¿en qué momento debemos intervenir?
Enfatizó que la detección temprana permite identificar cambios y valorar el nivel de riesgo para determinar qué tipo de intervención requiere cada caso.
Entre factores que suelen aparecer en esta trayectoria se encuentran el malestar emocional, la depresión y las dificultades para regular las emociones. Cuando no existen mecanismos adecuados de afrontamiento aparecen condiciones como la desesperanza y el aislamiento, que aumentan la vulnerabilidad. Sin embargo, los factores protectores pueden contribuir a romper esta trayectoria.
Responsabilidad compartida
Prevenir el bullying y sus posibles consecuencias sobre la salud mental no debe convertirse únicamente en responsabilidad del estudiante que sufre la agresión. Tampoco puede recaer exclusivamente en el docente o en el profesional del Departamento de Consejería Estudiantil (DECE).
Muñoz enfatizó sobre las condiciones en las que trabajan los profesionales de los centros educativos y recordó que, en algunos casos, un psicólogo puede atender a decenas de estudiantes. Al mismo tiempo, destacó la necesidad de articular esfuerzos entre los sectores de educación, salud, familia y comunidad.
La respuesta, por tanto, debe ser integral y adaptada a la realidad de cada comunidad. No todos los adolescentes viven las mismas circunstancias ni cuentan con las mismas redes de apoyo o posibilidades de acceso a servicios de salud mental.
Por ello, además de aplicar protocolos, resulta necesario fortalecer la investigación para adaptar las estrategias al contexto ecuatoriano y evaluar de manera permanente qué intervenciones funcionan y cuáles necesitan ser modificadas.
La prevención del bullying llama a la colectividad a reconocer los cambios, escuchar al adolescente, fortalecer sus redes de apoyo y garantizar que pedir ayuda sea siempre una posibilidad.

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necardenas
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Publicado por necardenas, parte del equipo editorial de la Universidad Técnica Particular de Loja.